Actualmente la calidad
y esperanza de vida de las personas con VIH/SIDA podría equipararse a la de
muchas personas. No obstante, los cambios en la percepción social del VIH han
sido menos significativos. Sus vías de transmisión, sus implicaciones respecto
a los mandatos de género más tradicionales y su asociación social a grupos
socialmente excluidos son causa del estigma
asociado a la infección y motivo de discriminación en distintos ámbitos. Discriminación
que es necesario erradicar.
Durante años, expertos,
investigadores y personas que viven con el VIH han identificado al estigma y la
discriminación como los principales factores impulsores de la epidemia del VIH.
En 1987, Jonathan Mann, el entonces director del Programa Mundial contra el
Sida de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pronóstico tres componentes
de la epidemia del VIH; el primero sería, el VIH; el segundo, el sida; y el
tercero, el estigma y la discriminación y la negación. Predijo que el estigma,
la discriminación y la negación serian tan centrales como la enfermedad misma.
Es trágico ver que veinte años después, el estigma y la discriminación
continúan siendo problemas mayores, incluso en una era en la que el tratamiento
del VIH es cada vez más accesible, y la prevención del VIH no es sólo cada vez
más posible, sino crucial.
Según Goffman, la
estigmatización es un proceso a través del cual se establecen diferenciaciones
y desigualdades sociales, el señalamiento de individuos y grupos hace efectiva
una violencia simbólica que inhabilita para la plena aceptación social. El
estigma es utilizado como un atributo profundamente desacreditador,
especialmente los que son incongruentes con los estereotipos acerca de cómo de
ser una determinada especia de individuos.
Después
del diagnóstico del VIH en una persona comienza un proceso de estigmación,
condicionada por la dinámica de oposición normal/anormal, que lleva consigo
procesos de inclusión y exclusión tanto espaciales como relacionales. Esto configura un entramado de sentidos, haciendo
percibir al enfermo como el monstruo que ataca a la sociedad.
Todo
individuo humano se afirma como una persona en un contexto sociocultural que le
reconoce en tanto que tal y es a partir de este proceso que se transita de
“personas sana” a “persona enferma”.
Los
“normales” hacen uso de metáforas discriminatorias, realizan generalizaciones,
o evitan tocar o mirar a la persona estigmatizada, incluso se considera la
discriminación como el pago justo de la causa que origino el atributo
estigmatizador (Goffman, 1963). El VIH/SIDA ha resucitado en el siglo XX a
conceptualización de la enfermedad como castigo, estimación considerada en
décadas atrás como propia de un pasado no retornable”.
El
individuo estigmatizado es el monstruo, el otro al cual se teme, desde esta
violencia simbólica se genera la exclusión, la separación. Pero en la misma
dinámica de estigmatización surgen grupos de personas, grupos de apoyo que se
identifican con la persona estigmatizada, ellos se convierten en el puente entre
·los normales” y los “anormales” (Goffman, 1963), luchan por sus derechos, y
pretenden evitar el proceso de exclusión presentando un panorama de normalidad
social. En el caso del SIDA han surgido numerosas asociaciones y organizaciones
no gubernamentales que pretenden reivindicar el individuo estigmatizado a un
plano de normalidad.
Reducir el estigma y la
discriminación por el VIH es una parte fundamental de los programas nacionales
del SIDA. Uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio es Combatir el
VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades. En cuanto al SIDA existen dos
claras metas dentro de este objetivo; detener y comenzar a reducir, para el año
2015, la propagación del VIH/SIDA y; lograr el acceso universal al tratamiento
del VIH/SIDA para todas las personas que lo necesiten.
Iniciativas que
apuesten por la prevención, el tratamiento, la atención y el apoyo con respecto
al VIH junto a un alto liderazgo para sensibilizar y alentar acciones concretar
que aborden el obstáculo del estigma y la discriminación, puede ayudar a los
países a lograr las metas fundamentales de los programas del VIH y los
Objetivos de Desarrollo del Milenio. Además de contribuir a proteger los
derechos humanos de las personas que viven con VIH y otras poblaciones
afectadas. Esto permitirá que las personas utilicen la información y los
servicios para reducir la transmisión del VIH y reducirán el impacto del VIH en
los individuos, las comunidades y las organizaciones.
Los efectos del estigma y la discriminación relacionados con el VIH van relacionados a múltiples consecuencias que afectan al desarrollo de la epidemia y refuerzan las desigualdades sociales existentes, en especial las relacionadas con el género, la sexualidad y la etnia. Las consecuencias influyen a la sociedad en general.
Los efectos en el ámbito laboral se relacionan con discriminaciones para optar a puestos de trabajo, rechazo de compañeros/as de ctrabajo, despidos, falta de confidencialidad y exigencias de pruebas serológicas innecesarias.
Los efectos en el pronóstico y tratamiento individual puede llevar a las personas con VIH a retrasar las visitas a las unidades sanitarias especializadas por vergüenza. También, con motivo de esconder la infección las personas limitan sus relaciones interpersonales incrementando el aislamiento y la discriminación y por último, el rechazo y la discriminación afecta a la motivación de las personas en su propia vida.
Los efectos en la salud pública se relaciona con la negación y el pasotismo, pues realizarse pruebas para la detección precoz ahorraría muchos disgustos futuros. También las personas con VIH experimentan violencia,concretamente violencia psicológica.
El estigma puede ser reducido a través de una variedad de estrategias de intervención que incluyen la información, el consejo, la adquisición de habilidades y el contacto con personas infectadas. Esto requiere trabajar tanto con la población en general como con las personas con VIH. Asimismo, es fundamental un abordaje intersectorial y multidisciplinar.
Una herramienta fundamental para trabajar el estigma confirmada y la discriminación es la educación. Diversos estudios han demostrado que las personas mal informadas o desinformadas acerca de la transmisión del VIH tienen probabilidades mucho más altas de tener actitudes discriminatorias que las que están bien informadas.
Educar en valores de tolerancia y respeto, así como apostar por una educación sexual positiva ayudara a erradicar el estigma y la discriminación. El SIDA no es algo del pasado, vive con nosotros y debemos estar informados para su prevención y diagnóstico, así como estar bien educados para ayudar y contribuir a proporcionarle igualdad de oportunidades a las personas con VIH. Por suerte, en la actualidad cada vez son más las personas que pueden disfrutar de un tratamiento y por consiguiente mejorar su calidad de vida.
Desde aquí, un consejo, infórmate y educate en tolerancia y respeto.
Te puede tocar a ti.
Bibliografía
- Goffman, Erving(1963) Stigma. London: Penguin.
- Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad. Gobierno de España. Plan Nacional sobre el SIDA.
- ONUSIDA. Estrategia 2011-2015. Llegar a cero.
